Blog 2017-12-10T21:57:02+00:00

 

Lo único que quería era irme de aquella ciudad.

 

 

 

 

 

 

“Pues el muro es una palabra. Y no hay palabra que él no cuente como piedra en el muro”. ( Poesía completa. Paul Auster)

Recuerdos …

“Sólo unos pocos encuentran el camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran, otros ni siquiera quieren encontrarlo.” Alicia en el País de las Maravillas[/fusion_text]

“Cada persona contiene varias personas en su interior, y la mayoría de nosotros saltamos de una a otra sin saber jamás quiénes somos”. Paul Auster

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” Tal vez sea mejor poner un espejo a la “altura” de las piernas, para todas las mañanas observarlas y con tiempo y constancia conseguir reconocerlas, conseguir reconocerme…”se acostó y durmió.

“Probablemente de todos nuestros sentimientos, el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”. Rayuela. Julio Cortázar.

“Y cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas…” Antoine de Saint-Exupéry – El Principito.

Recuerdo con nitidez, los pliegues de sus manos tratando de acariciarme con una bella melodía. Ante sus ojos, claves, que una vez reveladas, me mostraban la fórmula de cada compás, el tiempo.
Y me enseñó que tan necesario es desafinar como entender los silencios; que la sensibilidad es la mejor clave para acompañar un pentagrama y obtener esa bella melodía llamada vida.

Quién pudiera no tener casa en la tierra y tener una en el viento, como la tiene la nube, como la estrella la tiene y la luna y el lucero, para salir en tu busca por veredas y caminos, por montañas y llanuras y unir mis pasos a los tuyos, poner mi hogar en tu pecho y el corazón en tu fuego. Quién pudiera por la ladera del tiempo bajar a tu primavera y recorrer los jardines llenando tus soledades y bajo la luz de tu sombra arar la tierra desierta y sembrar donde nadie siembra las poesías y esperanzas que me quedan. Quién pudiera llevar por bandolera el alma con los sueños e ilusiones, como los lleva el niño, como el atleta los lleva y el guerrero y el amante, para sentir la juventud corriendo en primavera por mi corazón y por tus venas cantarle un canto a la vida, beber la dicha en tus labios y cruzar la frontera del vivir.

Para estar junto a ti y en ti, donde tu estés.

Todo lo que se llora, se limpia.

Desde muy pequeña, en el campo, con mono y careta en mano, mi padre me enseño a no tener miedo, a respetar, observar y pensar, a no rendirme nunca ante las adversidades, a valorar que siempre que se trabaja duro para conseguir una meta, el mejor néctar es la pasión y todo aquello que vives y descubres en el camino, los vaivenes del aire, los vuelos bajos, las caídas, el equilibrio. Todo a través de las abejas, sin necesidad de hablar entre nosotros, tan solo observándolas, tan solo, observándole.

Siempre salía a correr en los atardeceres y no era casualidad. Un día, justo en el momento que sentía sus piernas flaquear, se detuvo, inclinó su espalda y posando ambas manos delicadamente en sus rodillas,  se dijo: “Antes que el sol desaparezca en el ocaso, seré lo suficientemente rápida para llegar alcanzarlo con mis manos”.