Entre guerras 2018-03-25T14:34:21+00:00

Cuando estoy inmersa en una guerra interna tengo la costumbre de acudir a mi “refugio”; la casa abandonada de mi tío Daniel. En una de estas visitas encontré un cuaderno con sus memorias de la Guerra Civil y posterior Servicio Militar. Fue inevitable ponerme a leer, dándome cuenta que estaba leyendo sus memorias en la misma habitación donde él me enseñó a leer.

No pude evitar capturar los fragmentos que más me conmovieron; la soledad ante la amenaza de ser fusilado, los bombardeos, las heridas ocasionadas, la hambruna, “la suerte” de poder alimentarse de naranjas un par de días, las pésimas condiciones de higiene o la posterior enfermedad psíquica que le llevaron a vivir la soledad en una enfermería, acompañándolo de por vida.

Al terminar de leer reflexioné y admiré su capacidad de resiliencia. Como supo, a pesar de tan duras vivencias, no borrar su sonrisa y continuar buscando lo mejor de la vida.

Ojalá los que viven una guerra nunca duden de la  fortaleza del ser humano; ojalá un día cualquiera, en un país cualquiera, alguien lea sus vidas y pueda darles voz.